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Rafael Canogar (1935)
Toledo
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Picasso, Miró, las Vanguardias... Rafael Canogar bebe ávidamente de los movimientos rupturistas de principios del siglo XX, aunque con apenas 20 años se decanta por la Abstracción informalista que descubrió en París, en 1955.

De regreso a España, en pleno anquilosamiento cultural bajo la dictadura, Canogar trata de aportar un soplo de modernidad con la formación del grupo El Paso, en el que se integran también artistas de la talla de Manuel Millares, Antonio Saura, Luís Feito, Manuel Rivera, Pablo Serrano y Juana Francés.

Canogar abandona el Informalismo en los años 60. Su evolución artística le lleva entonces a interpretar una realidad social que le disgusta y será ya, hasta los 70, el Canogar político que tanto apreciaron quienes desde la clandestinidad o el exilio trataban de encontrar una alternativa al Franquismo. Su inspiración provenía de los medios de comunicación y el colorido de su obra anterior prácticamente desaparece en creaciones fundamentalmente grises y negras. Las figuras que representa carecen de rasgos personales y el verdadero protagonismo de sus cuadros pasa a ser de las masas. Canogar está convencido de que el Arte “no está para decorar habitaciones”, sino que debe ponerse al servicio del Hombre y su evolución en libertad.

Si variadas han sido sus etapas artísticas, no menos lo son las técnicas empleadas. El óleo fue protagonista de la mayoría de sus primeras obras aunque poco a poco se fuera decantando por los temples, fotografías, poliésteres acrílicos y fotografías recortadas, además de madera y fibra de vidrio. También incorpora a sus collages objetos de la vida cotidiana que les proporcionan una doble naturaleza de pintura y escultura.

Coincidiendo con el fin de la dictadura de Franco, Canogar regresa a la Abstracción que conoció en París. Desde 1976 se produce en su obra un renacimiento del color al que no es ajena la esperanza del cambio democrático. También incorpora elementos del cubismo que irán avanzando en la medida en que se recorta una vez más el colorido para desembocar en pinturas casi monocromas.

Su trabajo ha merecido importantes distinciones como el Gran Premio de la Bienal de Venecia (1971) o el Premio Nacional de Artes Plásticas de España (1982). El Museo Reina Sofía de Madrid le dedicó una gran retrospectiva en 2001.