Alexander Calder (1898-1976)
Filadelfia


Hijo de madre pintora y padre escultor, Alexander Calder no se encaminó hacia el mundo del Arte hasta la edad adulta. Fue a bordo de un barco donde contempló la salida del sol a la vez que la luna se ocultaba. Aquella visión despertó en él una sensibilidad que su familia había estimulado durante muchos años.
Su producción artística se inicia en Nueva York, ciudad donde elabora sus primeras esculturas a finales de los años 20. Allí celebró sus primeras exposiciones a las que seguirían otras muchas en Europa, lo que le permitió conocer a la mayoría de las grandes figuras del momento, como Joan Miró, Marcel Duchamp o Piet Mondrian. Es precisamente la obra de este último la que le influiría más intensamente, impulsándole a ingresar en el grupo Abstracción-Creación que se empeñaba en impulsar un Arte no objetivo.
1931 marca un hito en su carrera, ya que realiza su primer móvil. Así lo definió el mismísimo Duchamp cuando contempló una obra abstracta de formas planas que se unían mediante alambres. Su escaso peso hacía que hasta el menor soplo de aire la pusiera en movimiento.
Calder se interesó también por los efectos que la luz provoca sobre objetos que cambian de posición en el espacio. Él mismo decía que quería dar movimiento a las obras de Mondrian, que le causaban un enorme impacto.
Pero hay también una serie de obras más figurativas en la producción del artista norteamericano que Jean Arp denominaba ’stabiles.’ Como su propio nombre indica, no tienen movimiento y son piezas de gran tamaño que recuerdan vagamente a imágenes de animales.
Unas y otras le convirtieron en uno de los escultores más reconocidos del siglo XX, con obra en todas las grandes colecciones del mundo. Desde el MoMA de Nueva York, donde una de sus esculturas decora la escalera principal, hasta la sede central de la UNESCO en París.