arteselección
Francisco Bores (1898-1972)
Madrid
imprimir
imprimir
La sencillez de las pequeñas cosas y el colorido más delicado. Una mirada extraordinariamente personal del Cubismo y la alegría de vivir. Todo ello y mucho más define a Francisco Bores, una de las más grandes figuras del Arte europeo del siglo XX.

Su presencia fue clave en la segunda oleada de artistas españoles que llegan a París durante los años veinte, aunque en su país no se le termina de reconocer hasta bien entrada la década de los setenta, cuando se ponen en valor aspectos del Arte para los que no había cabida en el Informalismo y el Realismo Social dominantes. Estalla entonces una admiración generalizada por el carácter intimista de sus imágenes, la ausencia del tópico español y el goce del cromatismo suave.

Como tantos otros de su generación, Bores había participado del intenso mundo creativo que irradiaban la Residencia de Estudiantes y los intelectuales del 27, antes de marchar a París. Ortega y Gasset, Gerardo Diego, Guillermo de la Torre, García Lorca, Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez, Salvador Dalí... Bores intima con la mayoría de ellos y frecuenta las tertulias de los famosos cafés Pombo y Gijón, donde entra en contacto con el Ultraísmo. Algunos de sus dibujos y xilografías de esta época ilustran revistas como ‘Tobogán’ y ‘España’. Son casi siempre escenas de la vida cotidiana en la capital, de sus personajes y vivencias. Bodas, mercados, prostíbulos, paseantes, el tiovivo... Esa misma temática continuaría después en su etapa parisina, con dibujos alegres y muy sueltos que anuncian ya al maestro en ciernes.

El estilo que hoy admiramos de Francisco Bores se fragua tras un estrecho contacto con los más grandes pintores de la primera Vanguardia: Picasso y Matisse. Del primero admira el modo de construir la forma, el clasicismo, la posterior explosión cubista. De Matisse, la alegría de vivir, el colorido y la luz, el amor por la línea. Bores armoniza las dos influencias en su obra, y aún más. Como dijo Juan Ramón Jiménez, es también “síntesis entre la herencia plástica de Braque y la de Cézanne”. Él mismo califica de “pintura-fruta” la obra con la que busca conjugar construcción y luz.

Bodegones, paisajes, figuras... Francisco Bores es pintor del sosiego, de una mirada interior que se expande. Poesía hecha pintura.