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Eduardo Arroyo (1937)
Madrid
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Eduardo Arroyo es una de las principales figuras de la transición española desde la dictadura a la democracia, a la que aportó grandes dosis de ironía y buen humor. Licenciado en Periodismo, viaja a París en 1957 para desarrollar su carrera como escritor y fue allí donde descubrió muy pronto su irrefrenable atracción por las artes plásticas.

Es precisamente esa inicial vocación por la palabra la que influye decisivamente en su concepción verbal de la figuración. Mientras trabaja como lector en la Escuela Superior de Comercio, comienza a pintar con el estilo que aún le caracteriza: ágil, dinámico, fresco e irónico. Utiliza la vida cotidiana para desmitificar situaciones, prejuicios y convencionalismos sociales. Los códigos del Arte Pop, tan cercanos al mundo de la publicidad y de la prensa, parecen creados para él. Con colores planos perfectamente delimitados por el dibujo conforma su particular imaginería que tan célebre han hecho series como las de Mussolini, Franco y Hitler o figuras destacadas de la Iglesia Católica.

Así construye Eduardo Arroyo, desde el punto de vista formal, su compromiso con los problemas de este mundo convulso que le ha tocado vivir. Arroyo va más allá de la denuncia, de la crítica. Sumerge al espectador en sus producciones para hacerle copartícipe de lo que se narra. Busca la catarsis colectiva al estilo de la tragedia clásica y para que el observador se sienta libre de prejuicios, critica desde el argumento. En esa línea, son muy célebres su colaboraciones con artistas como Antonio Recalcati o Gilles Aillaud, con quienes desmitifica a Marcel Duchamp y a las grandes figuras de la Vanguardia.

Hombre polifacético, Arroyo despliega también su genialidad en campos tan diferentes como la dramaturgia, la escenografía, la cerámica y la escritura. Nada escapa a la perspicaz mirada de este “cuentacuentos” contemporáneo, galardonado en 2007 con el Premio Nacional de Arte Gráfico.