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Fernando Zóbel (1924-1984)
Manila
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La vida de Zóbel discurre entre Filipinas, Estados Unidos y España. La relación con ésta última se produce en 1933 cuando su familia se traslada de la Manila natal a Madrid. Sin embargo su periplo vital no hace más que empezar. Debido al estallido de la Guerra Civil se ve obligado a regresar a Filipinas.

La vocación de Zóbel por la pintura no es algo inmediato. Hasta 1942 no comenzó a explorar su lado plástico como consecuencia de una enfermedad que le obliga a permanecer en cama. Así, entre 1946 y 1949 termina la licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad de Harvard obteniendo la calificación Cum Laude. Su vida inmediata se desarrolla en relación con la universidad y la investigación. Sin embargo, siente un interés cada vez mayor por la pintura.

Se lanza a la experimentación de diferentes técnicas artísticas como la xilografía y el aguafuerte entre otras. De esta forma en 1951 celebra su primera exposición individual en Boston para, al año siguiente, repetir la experiencia en Manila. Son años en los que Zóbel continúa su enriquecimiento personal como artista. La obra de Mark Rothko le impresiona profundamente.

Sin embargo, a mediados de la década de los cincuenta, un nuevo viaje a España cambia el rumbo de los acontecimientos. Aquí conoció a pintores como Feito, Rueda y Lorenzo que están realizando una recuperación de la Vanguardia en un panorama artístico desolado tras la contienda. Pero el Zóbel más característico se muestra en la década de los sesenta. Tras pasar por diferentes etapas plásticas en las que el negro y el color se alternan, su obra se vuelve delicada, caligráfica. Todo en ella parece indicar una espontaneidad que, en realidad, es fruto de una preparación intensa y rigurosa. El mundo oriental, del que forma parte por su procedencia, se materializa como influencia en la caligrafía japonesa.

Pero el gran legado de Zóbel es sin duda la creación del Museo de Arte Abstracto Español en las Casas Colgantes de Cuenca junto a Gerardo Rueda y Gustavo Torner. Éste último le descubre en 1963 los encantos de la ciudad castellano- manchega en la que se asentó definitivamente. Gracias a su colección personal, el museo acoge lo mejor del Arte abstracto español con pintores como Millares, Tàpies, Feito, Torner, Chirino, Rueda y Sempere entre muchos otros.

Hombre culto, inquieto, de reconocido prestigio internacional en el mundo de la cultura, muere en Roma el año 1984.