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Gabriel Orozco (1962)
Jalapa
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Uno de los artistas más destacados de América, líder indiscutible de la última generación del siglo XX: la de los años 90. Gabriel Orozco es capaz de crear realidades que nunca existieron en una constante evolución de la plástica que se caracteriza por la inventiva, la simplicidad y el eclecticismo.

El Arte de Orozco lleva rompiendo clisés desde los años 90, tras cursar estudios en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de México y perfeccionar su formación en Madrid y Berlín. Su discurso es conceptual y gusta de reinventar los objetos olvidados o desechados por otras personas para emprender caminos “desde una posición de libertad y amor por lo que uno ve, y lo que uno quiere hacer". Ésa es la actitud fundamental, según el propio artista, "para hacer una buena obra de Arte y también crear una buena relación con todo lo que nos rodea".

Un cráneo descarnado, las piezas de una vieja bicicleta, un automóvil, el neumático de un camión... Gabriel Orozco recoge objetos que reconstruye como un medio más de su discurso, aunque en ocasiones ni siquiera los descontextualiza, para ir más allá que Duchamp. El espíritu poético de la cotidianidad está siempre presente en unas esculturas e instalaciones impregnadas de humor incluso cuando se refieren al paso inexorable del tiempo y la inevitable llegada de la muerte.

Buen ejemplo de esa actitud transformadora es ‘Matrix Móvil’, una emblemática escultura realizada en 2006 con la osamenta de una ballena que apareció semienterrada en una playa. Orozco pintó todos sus huesos con líneas de colores hasta reinventar completamente una estructura biológica que pesa 1.700 kilos y mide casi 12 metros.

Su consistente carrera estuvo siempre gobernada por un insobornable afán de libertad que la Galería Goodman de Nueva York y la White Cube de Londres sólo pudieron apoyar y fomentar. "Es muy importante la libertad para entender lo que nos rodea”, explica el artista, que trata de acercarse a la realidad “sin juzgarla anticipadamente”. Es así como se produce la sorpresiva evolución de sus pinturas, esculturas e instalaciones, casi siempre realizadas para un determinado espacio y momento.

Gabriel Orozco vive a caballo entre Nueva York, México y París desde que el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) le dedicó una exposición en 1993, lo que devino en la consagración de una carrera que evoluciona de manera vertiginosa e inclasificable. A pesar de ello, dice permanecer alerta frente al peligro de la autocomplacencia, lo que sin duda redunda en la consolidación de una producción extraordinariamente coherente en la que originalidad e intelectualidad se dan la mano.

Las obras de Orozco se encuentran ya en los más relevantes museos del mundo y el MoMA le dedicó en 2010 una nueva exposición que fue aclamada por la prensa especializada de Nueva York. Tras su clausura, la retrospectiva viajó a Europa, donde se pudo contemplar en el Museo de Arte de Basilea y en el Centro Pompidou de París. También se la espera en la Tate Gallery de Londres.