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Andrés Nagel (1947)
San Sebastián
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Excepcional. Andrés Nagel brilla con luz propia dentro del panorama artístico nacional e internacional. Su obra huye de tendencias o modas porque lo que verdaderamente la genera es el rico mundo interior del artista.

La relación de Nagel con el mundo de la plástica es casi inmediata a pesar de haber estudiado Arquitectura entre 1966 y 1972. De esta forma en 1968 montó su primera exposición individual. Sus creaciones pasan por diferentes períodos evolutivos aunque la tónica dominante ha sido la coherencia. Sus primeras creaciones rozan lo abstracto dentro de los márgenes de la figuración. Si en la década de los setenta cierto dramatismo cobró protagonismo, en los ochenta éste se ve sustituido por un carácter más irónico. Otro aspecto notorio en su producción es lo lúdico. La creación de escenografías, el empleo de colores brillantes, la utilización de materiales de diversa índole y objetos reutilizados acercan sus planteamientos estéticos al Surrealismo y el Arte Pop.

El verdadero motor de las obras de Nagel reside en la idea, el concepto. Para él una obra no puede carecer de ese sustento intelectual pues se convertiría en un mero objeto decorativo. Tampoco cree en momentos de inspiración pues únicamente el trabajo constante proporciona los medios para una creación coherente. Nagel es un artista polifacético. Escultura, pintura y obra gráfica forman parte de su producción. Esa versatilidad se debe a que para él todo forma parte de una misma actividad, la creación. Aprovecha la desaparición de los límites rígidos que anteriormente separaban las diferentes técnicas artísticas.

El año 2006 marca el inicio de un receso que el propio artista decide tomar como consecuencia de su constante actividad. Sin embargo sus últimas producciones denotan una imaginación inagotable. Más próximo a la Abstracción, se recrea en formas orgánicas percibidas desde la óptica del juego y la imaginación. La crítica que siempre ha encerrado su producción pasa a un segundo plano hasta desaparecer.