Lucio Muñoz (1930-1998)
Madrid


La acción directa sobre la madera abre oscuros mundos. Búsqueda de un lenguaje particular en el que lo cotidiano se tiñe de putrefacción. Oscuros paisajes que manifiestan el paso insondable del tiempo. El Informalismo sirvió de telón de fondo a su obra.
Los inicios de su formación artística se produjeron en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ambiente opresivo y retrógrado que sin embargo le permite conocer a otros grandes artistas que comparten su avanzado ideal estético. Antonio López, Julio López Hernández y Amalia Avia se encontraban entre ellos.
En 1956 se instala en París durante un año gracias a la beca otorgada por el gobierno francés. Allí entra en contacto con la obra de Dubuffet, Tàpies y el movimiento artístico conocido como Art Autre. El paso hacia la Abstracción y el Informalismo ya estaba dado. Sin embargo rasgos propios de la obra posterior a la estancia en París ya se encontraban potencialmente en el trabajo de tipo figurativo. Una masa pictórica enormemente densa, una gama de colores apagada y oscura con base en negros y verdes, la preocupación por dotar de una tremenda delimitación a los objetos y la estructuración de la imagen son características que Muñoz perfeccionó durante toda su producción posterior.
Entre finales de los años cincuenta y los sesenta la personalidad artística del pintor se definía cada vez más. La figuración desaparece paulatinamente de sus lienzos que, por otra parte, se ven sustituidos por la madera. Su protagonismo es absoluto. Los soportes y materiales se elaboran mediante un trabajo activo en el que perforaciones, raspados, incisiones y rasgados se aplican sin temor. El resultado son paisajes que se separan del muro. En los sesenta su actitud se radicalizó de manera que la fuerza de la materia llega a ser agresiva y la gama cromática se oscurece hasta lo sombrío. La huella del autor en la obra aporta un dramatismo terrible. Los soportes sufren la adhesión de tablones que marcan al cuadro con suturas y grandes profundidades.
Sin embargo Muñoz retorna en cierto modo a la figuración. Los objetos parecen emerger de la madera trabajada. No presentan una imagen realista puesto que el lenguaje plástico continuó siendo cercano al informalista. Poco a poco el espacio se enfatiza y la figura gana en definición con respecto al fondo. Naturalezas muertas, ventanas, difuntos, animales componen una pequeña galería de los horrores cotidianos que insisten sobre una terrible verdad: tempus fugit.
En 1983 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. En 1989 el Museo Reina Sofía de Madrid organizó una Exposición antológica de su obra. Entre sus principales trabajos destaca el ábside de la Basílica de Aránzazu, en Oñate (Guipúzcoa), y el mural que preside el Pleno de la Asamblea de Madrid, obra que finalizó poco antes de su fallecimiento.