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Cristino Mallo (1905-1989)
Tuy (Pontevedra)
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La Guerra Civil española marcó un antes y un después en la trayectoria vital de muchos artistas que habían participado en los movimientos de Vanguardia anteriores al conflicto. Unos, por necesidad o voluntad, marcharon al exterior para continuar con la libertad creativa que en España iba a verse menguada. Otros se quedaron en el país, marginados, solos, dedicados a una actividad que no casaba con los presupuestos del nuevo régimen y su vuelta al academicismo. Éste es el caso de Cristino Gómez González, más conocido como Cristino Mallo.

Su formación como escultor cobra cuerpo en la Escuela de Artes y Oficios y en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde ingresa con 18 años. Muy pronto se encuentra integrado en los ambientes más renovadores de la capital y no tarda en entrar en contacto con las figuras capitales de la Generación del 27. Son años en los que su trabajo se acerca a los presupuestos formales manejados por escultores como Alberto Sánchez. En 1933 recibe el Premio Nacional de Escultura, reconocimiento a la calidad de su trabajo. Otra actividad que compaginó con la creación plástica es la docencia. Las Escuelas de Artes y Oficios de Salamanca (1935) y la de Madrid (1966-1972) contaron con su presencia como profesor de modelado.

Cristino Mallo fue miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y se alistó en el ejército de la República. Prisionero de las tropas de Franco, tras su liberación volvió a instalarse en Madrid donde retoma la actividad escultórica dando un giro hacia la Figuración. Los temas que le interesan proceden de la vida diaria, nada que ver con las grandilocuencias de la escultura oficial. Incluso el tamaño de sus piezas es pequeño, en armónica correspondencia con sus tipos populares, maternidades, niños... Todos ellos tratados con una rotunda concepción de la masa y el volumen, fusionando conceptos como cotidianidad y clasicismo desde la admiración por el trabajo de escultores como Manolo Huguet o Marino Marini.

En 1973 se reconocen finalmente sus méritos con un puesto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que no llegó a ocupar por negarse a vestir frac. Diez años después recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.