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Menchu Gal (1918-2008)
Irún (Guipúzcoa)
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Una gran dama de la pintura de Vanguardia del siglo XX. Una de las pocas españolas que consiguió viajar a París para vivir la explosión renovadora que allí se produjo a principios de los años 30. Paisaje, bodegón y retrato son los géneros en los que desarrolló con mayor intensidad una inquietud artística muy marcada por la atracción del color.

Los comienzos de la artista se remontan a su infancia en Irún, donde recibió clases de Gaspar Montes Iturrioz. Fue él quien sugirió a la familia que Menchu viajara a París para ampliar su formación, y allá se fue con tan sólo 15 años. Instalada muy cerca de Montparnasse, acudía diariamente a la academia de Amédée Ozenfant, quien la obligó a reducir su paleta a la estricta gama de los colores terrosos. Un duro condicionante para la joven, que ya vivía fascinada con lo que había visto en las exposiciones de Henri Matisse y otros maestros del Impresionismo.

Su estancia parisina aportó a Menchu Gal un aire cosmopolita que la alejó para siempre de las tentaciones del provincianismo. El ambiente bohemio de la capital francesa la dotó de resortes que después serían muy valorados en el Madrid de Solana, Zabaleta, Cossío y Caneja, artistas con los que entabló gran amistad a su regreso del extranjero. Fueron años de una febril actividad y en los que recibió clases de Aurelio Arteta y Daniel Vázquez Díaz en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El estallido de la Guerra Civil obliga a la pintora a refugiarse de nuevo en Francia, donde definitivamente da rienda suelta a su amor por el colorido. Una vez terminada la contienda, regresa a la capital de España, donde se integra en la llamada Escuela de Madrid junto con Agustín Redondela, Luís García Ochoa, Pedro Bueno y Cirilo Martínez Novillo, entre otros grandes artistas. Son tiempos muy duros para el Arte en un país donde no es fácil conseguir un poco de pan o un puñado de garbanzos pero la admiración que por ella profesan maestros como Benjamín Palencia la ayuda a salir adelante.

La figuración no es realista en la obra de Menchu Gal. En sus pinturas encontramos la interpretación subjetiva de lo vivido, antes que la traslación exacta de lo que vieron sus ojos. El color domina el espacio pictórico y el dibujo prácticamente desaparece bajo la amplia pincelada que reparte generosamente los matices de verde, rojo y azul dominantes. También la composición es muy personal, con planos que se entrecruzan para distorsionar las distancias.

Ni siquiera un régimen tan machista como el del general Franco se atrevió a negar el talento indiscutible de Menchu Gal, que fue seleccionada en tres ocasiones para representar a España en la Bienal de Venecia (1940, 1950 y 1956). En 1959 fue distinguida con el Premio Nacional de Pintura, lo que la convierte en la primera mujer de su país que consiguió tan importante galardón.

A lo largo de sus 75 años de carrera protagonizó numerosísimas exposiciones y sus cuadros han podido admirarse en el mundo entero. También fueron muy numerosos los galardones que reconocieron sus méritos y, ahora, después de su fallecimiento, encontramos lo mejor de su talento en colecciones como la del Reina Sofía de Madrid y en la que exhibirá próximamente en Irún el nuevo ´Museo Menchu Gal de los Pintores del Bidasoa´.