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Pedro Castrortega (1956)
Piedrabuena (Ciudad Real)
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Pintor, escultor y poeta. Resulta difícil separar cada una de estas facetas en la obra de Castrortega. Poesía en sí misma, se inspira en las creaciones literarias del autor.

Los inicios plásticos de Castrortega parten de un Realismo convencional y de la Neofiguración aunque su obra posterior haya mantenido una gran coherencia. Poco a poco encuentra el lenguaje propio que le define como artista. La realidad comienza a ser desmembrada. Alcanza un tipo de Abstracción Lírica en la que lo primitivo, lo exótico, la religiosidad, el erotismo y la violencia son protagonistas. Lo visceral entra en relación con lo protésico.

Castrortega es uno de los pintores con mayor proyección internacional de nuestro país. El enorme prestigio de su obra le ha permitido gozar de diferentes becas en Nueva York y París.

La mirada particular del artista crea mundos que adquieren entidad gracias al punto de vista del espectador que unifica significados. Objetos que poseen fuerza propia y establecen relaciones semánticas entre sí. El fondo, aunque con fuerte personalidad, ayuda a la definición de esos entes que parecen flotar sobre él.

El objeto se divide dejando la integridad para definirse a partir de una sombra proyectada. Reflejo de un reflejo. La naturaleza pierde su papel referente. Obra que evidencia el paso del tiempo, la condición perecedera del ser humano y lo que le rodea. Se perciben reflejos del Arte Póvera y la inmediatez del Arte callejero. Siluetas humanas, formas mitológicas, vasijas, entramados matálicos pueblan mundos imposibles dejando su huella en ellos.

La técnica en Castrortega es múltiple. El buen hacer tradicional se combina con el collage contemporáneo a base de fotografías digitales de esculturas propias. No está tampoco exento de cierto automatismo. El pigmento líquido fluye con libertad sugiriendo formas inesperadas. Los objetos se reafirman gracias a un perfilado negro de enorme densidad matérica. El trampantojo está presente aunque de manera más sutil.

Escultura plana que se adhiere a la superficie pictórica y pigmentos densos que alcanzan valores tridimensionales. Juego de contrarios, mundo al revés. Pero sobre todo libertad. No hay bocetos. No hay un esquema preconcebido. La obra surge espontáneamente desde el interior.