Robert Capa (1913-1954)
Budapest


Fue amante de Ingrid Bergman y tomó prestado su nombre de Robert Taylor y Frank Capra. En realidad se llamaba Endre Enrö Friedmann pero con 21 años pensó que sería más fácil vender sus fotografías a la prensa internacional dando un tono más norteamericano a su identidad. De esa manera nació el mito.
Más allá de la anécdota, lo que convirtió a Robert Capa en un artista de leyenda fue su insobornable voluntad de retratar la realidad estando más cerca que ningún otro. Él fue uno de los primeros en utilizar cámaras de pequeño formato para llegar hasta la primera línea del frente y quien dijo que “si tus fotografías no son lo suficientemente buenas es por que no estás lo suficientemente cerca”. Esa idea le acompañó hasta el mismo día de su muerte, cuando con sólo 41 años pisó una mina en la Guerra de Indochina. Para entonces ya se había convertido en uno de los fotógrafos más célebres del siglo XX.
Capa aprendió los rudimentos de la profesión cuando tenía 17 años, después de viajar a Berlín, huyendo del enrarecido clima político que se vivía en Hungría. En la capital alemana trabajó como recadero en la agencia gráfica Dephot y tres años después conoció a Gerda Taro, la que sería su mejor compañera en la vida y en la fotografía. También ella había cambiado su nombre verdadero por otro más eufónico y pegadizo, y como Capa, murió en el frente, aplastada por un carro blindado.
Robert compartió con Gerda los mejores años de su carrera y aún hoy se plantean dudas sobre la autoría de algunas de las fotos que entonces se distribuyeron con la firma del maestro. La más famosa de todas es la ‘Muerte de un miliciano’, que plasma el momento en que un combatiente cae mortalmente herido durante la Guerra Civil española. Probablemente se trate del icono más reconocible de cuantos se han utilizado para representar el drama de los conflictos armados. También es uno de los más controvertidos, puesto que hay sospechas muy documentadas de que se trató de un montaje.
Fuera de una u otra manera, lo que no es opinable es que Robert Capa fue testigo de todos los enfrentamientos importantes que se produjeron en el mundo desde la Guerra Civil en España: la invasión de China por el ejército japonés (1938), la II Guerra Mundial (1941-1945), la Primera Guerra Árabe-Israelí (1948), la de Indochina (1954)... En 1947 fundó la agencia Magnum junto a Henri Cartier Bresson, David Seymour “Chim” y George Rodger. Con ellos protagonizó gestas nunca repetidas después, aunque siempre se diferenció por su particular manera de contar las historias, “a veces llegando a la verdad y otras veces, traspasándola", como él mismo reconoció.
John Steinbeck escribió de Robert Capa que no sólo podía fotografiar el movimiento. También sabía retratar “la felicidad, el desengaño y hasta el pensamiento". Su vida y su obra, que probablemente fueron una misma cosa, son objeto de creciente atracción para las nuevas generaciones de coleccionistas y las escasas fotografías de Capa que salen a subasta alcanzan precios astronómicos en el mercado internacional.