Ricardo Baroja (1871-1953)
Minas de Rio Tinto (Huelva)


La vida del artista está unida indisolublemente al viaje. San Sebastián, Madrid, Pamplona, Bilbao, Málaga, Valencia, Soria... España entera bajo la mirada atenta y curiosa de un hombre polifacético. El grabado es uno de los géneros que Baroja trata con mayor intensidad y del que queda una mayor parte de obra. No por ello abandona otras actividades artísticas como la pintura y la literatura, logrando en 1935 el Premio Nacional de Literatura por ‘La Nao Capitana’. El retrato y las escenas de la vida cotidiana son los dos ejes vertebradores de su producción. La figura de su hermano menor Pío y el contacto que establece con escritores de la talla de Unamuno, Machado y Valle Inclán le acercan a la que se conoce como Generación del 98.
La formación académica de Ricardo Baroja pasa por dos momentos cruciales. En 1886 se inscribe en la Escuela Politécnica de Madrid. Pronto la abandona debido a un brote de tuberculosis. Una vez recuperado, estudia entre 1888 y 1891 en la Escuela Diplomática con el fin de poder ingresar en el Cuerpo de Archivos y Bibliotecas. Al mismo tiempo acude a una academia para recibir clases de pintura. Pero la carrera dentro del funcionariado público no iba a durar demasiado pues en 1902 la abandona definitivamente.
A partir de 1900 empieza a enfatizar su trabajo como pintor mandando obra a la Exposición de Arte Moderno celebrada en Bilbao ese mismo año y durante los siguientes. También se hace asiduo de las Exposiciones Nacionales en las que consigue premios como la Primera Medalla en 1908. Sin embargo durante el período de 1900 – 1906 es el aguafuerte la que va a dominar su producción plástica. Llega a fundar en 1910 la Sociedad de Grabadores Españoles que posteriormente pasaría a llamarse Los 24. En 1928 se le nombra profesor en la Escuela de Nacional de Artes Plásticas, momento en el que retoma con entusiasmo la actividad gráfica.
La pérdida de un ojo en 1931 le aparta momentáneamente de la pintura y definitivamente del grabado. Es en esos momentos cuando se concentra en su faceta de escritor. Durante la Guerra Civil se instala en Itzea (Navarra) donde pasa por serias penalidades. Con todo, los años cuarenta marcan el retorno a la pintura de Ricardo Baroja exponiendo en San Sebastián, Madrid y Bilbao con notable éxito. Ese carácter inquieto y emprendedor le lleva a fundar con Martiarena la Asociación Artística de Guipúzcoa.
Ricardo Baroja fue un hombre de carácter alegre. Inquieto, viajero, emprendedor, multidisciplinar que nunca se llegó a considerar ni pintor ni grabador ni literato. Las categorías se quedan obsoletas para uno de las principales figuras de la cultura española de finales del XIX y la primera mitad del XX.