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Avigdor Arikha (1929-2010)
Bukovina
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Nacido en Rumanía, Avigdor Arikha fue uno de los artistas más cultos del siglo XX. Historiador del Arte, comisario de exposiciones, escritor, conferenciante... desde 1973 defendió con pasión que la pintura basada en la observación es la única verdad y así lo demuestran sus famosos retratos, desnudos, paisajes y naturalezas muertas. Artista figurativo y espontáneo, muchas de sus obras se realizaron durante una única sesión de trabajo y sin haber hecho dibujos preparatorios.

Arikha resucitó tres veces a lo largo de su vida y eso, sin duda, marcó toda su producción artística. Primero sobrevivió al Holocausto, tras ser deportado desde Rumanía a los campos de concentración de Ucrania. Años después consiguió sobreponerse a las graves heridas sufridas en la Guerra de la Independencia israelí y, finalmente, superó la gravísima crisis que le llevó a abandonar su carrera como pintor. En 1965 se sentía tan hastiado del Arte abstracto que decidió dejar su trabajo para siempre. Afortunadamente, un buen día sintió la necesidad de ponerse a dibujar lo que había ante sus ojos y allí comenzó a cimentar la tesis que ya no abandonaría durante el resto de su carrera: “lo que se pinta de memoria carece de verdad”.

Había estudiado Arte en la Escuela de Artes Aplicadas de Jerusalén, cuyas enseñanzas se basaban en los métodos de la Bauhaus, y también en la Escuela de Bellas Artes de París. Sus primeros trabajos eran esencialmente abstractos, hasta que convirtió la pintura en una especie de autobiografía. Con una capacidad única para abordar los objetos cotidianos, Avigdor Arikha jugaba con los vacíos de la pintura en óleos que plasman el ámbito más íntimo de su vida, como el estudio o la biblioteca. También retrató una y otra vez a Anne, su esposa, que fue la modelo más fiel con la que se podía contar.

Mención especial merecen aquellos primeros grafitos, carboncillos y pasteles que dibujaba febrilmente durante los años 60. En ellos se encuentra el eco directo de una vida a la que Arikha se aferraba a través del Arte. Los más grandes museos del mundo coleccionan sus obras, que siguió realizando en su taller de París prácticamente hasta el día de su fallecimiento. Allí trabajaba desde 1954.