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Karel Appel (1921-2006)
Ámsterdam (Holanda)
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Color, espontaneidad y fuerza expresiva son los tres pilares sobre los que se sostiene la obra del pintor holandés más importante de finales del siglo XX. La pintura de Karel Appel es heredera de la tradición expresionista del norte de Europa. El empleo de una materia pictórica densa y una gama cromática brillante le acercan a la obra de Munch y Pechstein. Pero también el desasosiego que en ocasiones se desprende de los temas elegidos a través de la deformación. Tampoco falta un carácter naïf a la hora de tratar la imagen de los niños, los animales y las máscaras. Ante todo la obra de Appel es vitalista y dinámica, su máxima es no repetir, reinventarse continuamente.

Karrel Appel es el encargado junto a Jorn, Alechinsky y Corneille de plantear una revisión del Arte europeo de posguerra mediante la creación del Grupo CoBrA en 1948. La tendencia plástica de sus miembros está dentro del Informalismo, movimiento artístico que trataba de adaptar el Expresionismo Abstracto americano a las necesidades europeas. La obra de Appel responde perfectamente a los requisitos CoBrA. La figuración se suprime en favor de los valores expresivos de los materiales y de la aplicación del pigmento. Se busca una recuperación de los mundos interiores del ser humano a través de una mirada ingenua. La energía invertida en el proceso de creación hace que el método de trabajo del propio Appel sea calificado de ‘orgiástico’.

En 1950 París acoge al pintor. Lo mejor de su producción se sitúa en estos años parisinos y en los previos a su marcha a la capital francesa. Pronto logra un reconocimiento notable y, gracias a la colaboración de Michel Tapié, su fama se extiende a los Estados Unidos. Allí pasa largas temporadas, lo que le llevó más adelante a apostar por un cambio de lenguaje hacia el Hard Edge Painting.

La obra de Karel Appel se encuentra repartida por museos y centros de todo el mundo. Ha participado en Bienales como la de São Paulo de 1953 y la de Venecia en 1954, en la que ganó el Premio Unesco. Otros galardones que recibe son el Premio Internacional Guggenheim en 1960 y la Legión de Honor francesa por su cuadragésimo aniversario. La valoración de su trabajo es tan elevada que ha alcanzado cifras récord en las casas de subastas.