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Rafael Zabaleta (1907-1960)
Quesada (Jaen)
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Las duras condiciones sociales y económicas de la posguerra española determinan las imágenes que Zabaleta muestra en sus obras. Interiores domésticos, su pueblo natal, Quesada, pero sobre todo el hombre y la tierra. Uno y otra son lo mismo en su obra, se condicionan mutuamente. Los perfiles duros del campesino son la versión carnal de una tierra seca. Zabaleta no se limita a buscar las anécdotas propias del Costumbrismo. Va más allá para alcanzar la esencia. Paisajes y paisanaje están congelados en una especie de atemporalidad, como si el ambiente sacro de la imaginería medieval hubiera revivido en el siglo XX.

Los inicios formativos del pintor andaluz se producen en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando entre 1926 y 1931. Son momentos en los que Zabaleta se mantiene dentro del Academicismo propio de la institución aunque abierto a nuevas influencias externas. En 1935 fue a París en un viaje que cambió su trayectoria pictórica. No fue la única vez que visitó la capital francesa, de manera que en 1949 y 1950 repite la experiencia. Allí conoce a Picasso que, una vez más, se convierte en figura inspiradora.

La Guerra Civil alteró un panorama artístico en las que el Surrealismo había arraigado en un número importante de artistas. Zabaleta abandona el Clasicismo de obras anteriores ante la inestabilidad político-social que se había instaurado tras el conflicto de manera que en la década de los cuarenta inicia la etapa conocida como del ‘Expresionismo sombrío’. Pero el verdadero Zabaleta comienza a mostrarse en los cincuenta. El tema del campesinado se establece con solidez en su temática mediante una interpretación muy personal del pintor. Las formas se simplifican hasta adoptar una rigidez mineral. A ello contribuye el uso de una línea que delimita planos de color. El cromatismo de Zabaleta se dispara hasta grados de violencia fauve. El campesino se convierte en una figura mítica, atemporal, de dimensiones casi legendarias.

La importancia de la obra de Zabaleta dejó su huella en el trabajo de Estampa Popular. La figura del pintor andaluz es uno de los pilares que sustentan los intentos de renovación plástica tras la Guerrra Civil mediante el paisaje y sus gentes junto a Benjamín Palencia. La crítica implícita en su pintura abrió el camino para el Realismo Social de los sesenta. Muere en 1960, año en el que expone en la Bienal de Venecia.