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Weiwei Ai (1957)
Pekín
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Artista y disidente político, Ai Weiwei es el más conocido de los creadores plásticos que ha dado China durante los últimos 50 años. También el más cotizado en Occidente. Pocos combinan como él la disciplina artística y el compromiso social que nace de la certeza de que la habilidad técnica no es nada en el mundo del Arte si falta una idea motriz.

Hijo del famoso poeta Ai Qing, empezó estudiando cinematografía, aunque pronto abandonó lo que parecía una prometedora carrera para integrarse en el colectivo de artistas Xingxing, que promovía la creación plástica desde el individualismo y la experimentación de vanguardia. Tales planteamientos parecieron intolerables en un entorno académico férreamente controlado por el Partido Comunista, por lo que el grupo fue disuelto en 1981, dos años después de su creación.

Ai Weiwei decidió emigrar a Nueva York cuando tenía 22 años, y allí conoció de primera mano los postulados del Arte Pop, el Minimalismo y el Arte conceptual. Mientras trabajaba en cualquier cosa que pudiera reportarle algún dinero para subsistir, estudió de manera informal sucesivas disciplinas que le fueron muy útiles cuando regresó a China, en 1990. Aún debieron transcurrir 13 años para que comenzara a construirse el estadio olímpico del Nido del Pájaro, un trabajo de los arquitectos Herzog & De Meuron en el que Ai colaboró desde su origen.

A partir de entonces, sus esculturas, fotografías y performances comenzaron a hacerse famosas en todo el mundo, y las principales galerías y museos se disputaban sus obras. Ai participó en la Bienal de Venecia y en la Documenta de Kassel, obteniendo también un resonado éxito con la espectacular instalación que diseñó para la Tate Modern. La Sala de Turbinas de la institución londinense se llenó durante siete meses con 100 millones de pipas de girasol modeladas en porcelana por un millar de artesanos de su país.

A medida que su fama crecía dentro y fuera de China, Ai Weiwei intentó utilizarla para promover la defensa de los derechos humanos en su país, lo que provocó un frontal enfrentamiento con el poder comunista. Su actitud refractaria al sistema de pensamiento único quedó perfectamente clara en uno de sus mensajes colgados en Twitter, donde tiene más de 100.000 seguidores: “no hay deporte más elegante que tirar piedras contra la autocracia”.

Ai pudo seguir a través de la red social la destrucción de su nuevo estudio de Shanghái, que fue derribado por las autoridades locales a consecuencia de unos problemas burocráticos que no debían existir cuando esas mismas autoridades lo invitaron a establecerse allí para reactivar la deprimida economía de la zona. Entre una y otra decisión ocurrió que Ai Weiwei pidió públicamente desde Londres una “mayor apertura” del régimen heredero de Mao Ze Dong.

Meses después, el Centro Ullens de Pekín canceló la primera exposición que se iba a celebrar en China con fotografías, esculturas e instalaciones de Ai, aunque las autoridades comunistas no tuvieron que dar instrucciones a la galería para que censurara la muestra. El centro gestionado por los coleccionistas belgas Guy y Myriam Ullens decidió “aplazar” la convocatoria porque “el momento actual no es el adecuado”, según explicó una portavoz de la institución, inmersa por entonces en “un cambio de estructura” que precisaba “el apoyo del gobierno" chino.

La política de hostigamiento a tan influyente creador no paró ahí, y el 3 de abril de 2011 varios policías se lo llevaron detenido cuando se disponía a abordar un avión en el aeropuerto de Pekín, desde donde se disponía a viajar a Hong Kong. Su familia estuvo dos meses sin datos de su paradero, y las autoridades chinas filtró a la prensa oficial que su detención se debía a supuestos “delitos de carácter económico”, “pornografía” y “bigamia”. Esa desaparición generó en el mundo libre una oleada de indignación sin precedentes, con manifestaciones de solidaridad que no dejaron de crecer hasta que fue liberado bajo la promesa de no hacer más declaraciones a la prensa extranjera.