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Víctor Mira (1949-2003)
Zaragoza
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El artista aragonés es uno de esos seres que se debaten entre la alegría de vivir y la necesidad de morir. Siempre caminando y creando en el filo de la navaja. Su visión de la realidad resulta dura pero clarividente al igual que la de su compatriota Goya. Sin embargo Mira posee una vena mística, cuasi religiosa que no encontramos en el autor de las pinturas negras. No es creyente, pero en ocasiones parece necesitar una confirmación de trascendencia. Se convierte en el asceta de la pintura, en el anacoreta aislado del mundo que ha alcanzado un nivel elevado de comprensión.

Víctor Mira se formó de manera autodidacta, lo que no le impidió desarrollar su prolífica vena creativa mediante la pintura, las artes gráficas, la escultura, la cerámica, la fotografía, el teatro, libros y un largo etcétera. Otro aspecto importante a la hora de comprender su obra es el viaje, más concretamente el hombre como ser errante. Si los comienzos de su carrera se inician en Zaragoza, tarda poco en instalarse en Madrid donde en 1973 monta la exposición llamada ‘Manías del sexo’. Poco después, en 1975, se traslada a Heildelberg en Alemania tras haber vivido en Barcelona. Son momentos en los que el estilo de Mira se acerca mucho a un Expresionismo compuesto a partes iguales de Figuración y Primitivismo.

Las naturalezas muertas son otro tema que va a convertirse en uno de los ejes de la pintura de Mira en los 80. El pintor retoma la tradición barroca del bodegón para recordar al espectador que el tiempo pasa rápido y que lo único seguro es la muerte. Su obra se vuelve compleja en significaciones y la música cobra protagonismo en esa década en series inspiradas las composicones de Beethoven y Bach. En ellas trata de plasmar mediante imágenes el espíritu que se adueña de cantatas y conciertos. Diez años de trabajo dan como resultado lienzos de una pureza extrema, en los que la Abstracción roza lo absoluto. También se intuye en esas serie la influencia de otros dos grandes de la pintura: Mondrian y Rothko. Del primero hereda la tendencia a una perfecta ordenación ortogonal de los elementos. Del segundo, la aplicación de fondos muy elaborados. La aparición fantasmagórica de las cruces aporta una última dosis de sentido metafísico al conjunto.

En 1988 se asienta en Munich abriéndose un período de gran actividad creativa y expositiva hasta que decidió suicidarse en 2003. La obra de Víctor Mira ha viajado por multitud de países y se encuentra presente en las colecciones de museos tan importantes como el MoMA de Nueva York y el Reina Sofía de Madrid.